Catalina se levantó muy temprano para llevar
la merienda a su padre que ya trabajaba la chacra.
Se hizo dos trenzas, y al final de cada trenza anudó
una cinta de color fucsia. Amarró sus polleras
a la cintura con un chunpi que su abuela le había
regalado.
Cuando todo estaba listo, puso el mote en un p’uku
con un pedazo de queso. Guardó el mate de
cebada en un porongo de color verde. Buscó
su lliklla para cargarlo todo en la espalda, pero
no recordaba dónde la había puesto.
Al no encontrar su lliklla, decidió que podía
usar la lliklla que su abuela guardaba. Olvidando
la advertencia de no usarla. Acomodó la merienda
en lo que ella creía era una lliklla, y se
la ató a la espalda. Salió de casa
cantando una canción, su perro Chaspur la
acompañaba como siempre.
Mientras caminaba el q’epe se le hacía
más pesado; hasta que no pudo más,
y se sentó a descansar.
Jugaba haciendo dibujos en la tierra cuando empezó
a sentir que algo estaba pasando en el paisaje,
algo muy extraño, distinto. Se levantó
y miró hacia todos lados. Se frotó
los ojos con sus manos, miró al cielo, no
podía entender lo que pasaba y exclamó
¡Atakau!
El cielo brillaba de manera sobrenatural, las nubes
no se movían.
La luz del sol era intensa, pero nada tenía
sombra, incluso ella había perdido su sombra.
Catalina corrió de miedo. Luego se detuvo
para descansar, miró a su alrededor, y su
sorpresa fue mayor al ver que aún seguía
en el mismo lugar. Corrió para poder escapar
de ese lugar, pero era imposible, el paisaje se
repetía, a cada paso, hasta que no pudo más,
cayó al suelo y lloró, Chaspur la
consolaba lamiéndole las manos.
Una voz suave habló de la nada:
- No llores Catalina, no tengas miedo.
Catalina levantó la cabeza para ver quien
le hablaba, pero no encontró a nadie, abrazó
a Chaspur que aullaba de miedo.
- ¿Quién eres?- preguntó Catalina.
La voz le respondió:
- Soy la Tierra.
- ¿Qué está pasando aquí?-
preguntó Catalina.
La voz contestó:
- Tú tienes algo que me pertenece. Si me
lo devuelves te diré por dónde ir.
- Sólo tienes que extender tu unkuña
sobre el suelo.
Catalina preguntó:
- ¿Qué es una unkuña?
La tierra le respondió:
- Unkuña es el tejido que llevas como lliklla.
Catalina desató el atado que había
hecho y lo extendió en el suelo. Estaba nerviosa
y asustada, tenía ganas de llorar; abrazó
a Chaspur, y vio que de la unkuña se desprendieron
delicadamente cinco hermosas alpacas de color blanco
que estaban dibujadas en el tejido y se fueron caminando.
Catalina no podía creer lo que veía.
La tierra le habló:
- Para que puedas volver a casa, sigue el camino
de tierra roja, llegarás a una qocha, ella
te dirá qué tienes que hacer.
Catalina se fue, Chaspur iba tras de ella. Caminaron
dos horas y, al llegar, la qocha le habló:
- Catalina, tú tienes algo que me pertenece.
Muéstrame tu unkuña.
Catalina hizo lo que la qocha pidió y de
la unkuña salieron cinco hanp'atus que saltaron
a la qocha.
Luego, la qocha en agradecimiento le dijo lo que
debía hacer:
- Sigue de frente por el camino de tierra amarilla,
llegarás a un lugar dónde duermen
las qaqas ¡No las toques! Se molestan cuando
las despiertan. Cuando atravieses el campo de piedras,
debes buscar a Mallki, él te dirá
qué hacer.
Catalina caminó hasta llegar a la pampa de
piedras, quiso entrar pero chocó con una
de ellas y todas despertaron, le cerraron el camino
diciendo.
- Nosotras también queremos que nos devuelvas
lo que nos pertenece.
Catalina obedeció sin decir nada. Puso la
unkuña en el suelo y de ella se desprendió
el dibujo de un atoq, que se fue corriendo.
Las qaqas la dejaron pasar.
Catalina siguió caminando hasta que oscureció,
no podía ver ni sus manos, parecía
que el mundo había desaparecido.
- ¡Niña! - dijo una voz - ¡¿Qué
haces aquí?!
- Busco a Mallki, pero… no sé lo que
es un Mallki.
- ¿Y cómo puedes buscar algo si no
sabes qué es? Yo te diré lo que es
Mallki, pero antes libera lo que tienes en tu unkuña.
Catalina, sabía lo que tenía que
hacer: extendió la unkuña sobre el
suelo.
De la unkuña se desprendió un rayo
de luz que saltó al cielo con tanta fuerza
retumbando entre las nubes. Catalina quedó
impresionada y preguntó:
-¿Qué fue eso, casi me quema los ojos?
- Era Illapa- contestó la noche- ahora falta
lo más importante.
De la unkuña brotó una esfera plateada
que se elevó al cielo, iluminando todo, la
oscuridad se desvaneció. La noche volvió
a hablar:
- Catalina, te diré lo que es un Mallki.
Un Mallki es el espíritu de la sabiduría
y tiene la forma de un árbol. Pero no lo
encontrarás aquí, el Mallki sólo
aparece en los sueños.
Catalina guardó entre sus brazos la unkuña.
Se acomodó entre unos arbustos junto con
Chaspur para dormir.
En sus sueños apareció flotando en
un río cristalino, hasta que llegó
a la orilla, donde había un árbol
gigante con muchas ramas y hojas, como el árbol
que había visto en la plaza de Pisac.
- Usted se llama Mallki.
- ¿Si… quién pregunta?
- Catalina.
- ¿Catalina… qué haces aquí?
- Me he perdido, quiero volver a mi casa.
- Pero si estás en casa, parece que te has
quedado dormida, ya es tarde para que lleves la
merienda a tu papá, tienes que despertar;
pero no olvides lo que viste. Pídele a tu
abuela que te enseñe a tejer, para que puedas
contar lo que hoy has visto. Tu memoria y la memoria
de tu pueblo están guardadas en los tejidos.
El Mallki cubrió a Catalina con sus ramas,
y ella despertó envuelta en la Unkuña;
Chaspur la miraba alegre moviendo la cola.
| Atakau |
Expresión de miedo |
| Atoq |
Zorro |
| Chunpi |
Faja para la cintura |
| Hanp’atu |
Sapo |
| Illapa |
Rayo |
Lliklla |
Manta pequeña |
| Mallki |
Arbol grande y frondoso |
| P’uku |
Tazón pequeño de barro |
| Qaqa |
Roca |
| Q’epe |
Atado que se lleva en la espalda |
| Qocha |
Laguna |
| Unkuña |
Manta grande para abrigarse |